viernes, 27 de febrero de 2009

Documento novohispano del siglo XVI a subasta.


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En México la subasta como medio de adquirir libros, sigue siendo una vía que todavía no logra convocar multitudes, sin embargo la que se llevará a cabo el 28 de febrero en la galería Louis C. Morton ha despertado el interés de libreros y coleccionistas. Esto se debe a que el lote marcado con el No 39 ofrece dos piezas que resultan por demás atractivas: una pieza que denominan "manuscrito novohispano"1 y un carta geográfica que lo acompaña. De acuerdo a la información que la casa de subastas proporciona, el soporte de la obra es papel europeo, el formato en que se encuentra es folio de marquilla, consta de 25 páginas de las cuales 8 se encuentran mutiladas, esta encuadernado en pergamino y lo fechan circa 1590.
El precio estimado es $50,000 a$ 70,000 mxp.
A pesar de las malas condiciones en que se encuentra, hay algunos aspectos que resultan muy atractivos en este documento y que seguramente incrementaran el precio.
- Es un documento que se mantenía prácticamente desconocido.
- Por lo que se puede apreciar en la fotografía que proporcionan existe una enorme influencia indígena en las imágenes recordándonos muchas de las realizadas en códices pos-cortesianos no cabe duda que fueron realizadas por tlacuilos (como el glifo de Culhuacán en azul que se observa en la parte inferior).
- El peso mexicano esta muy devaluado, si se cotiza en dólares o euros se convierte en una adquisición muy atractiva.
Este tipo de eventos resultan muy positivos, dan a conocer documentos importantes que se encuentran en manos de particulares, se abre la posibilidad de permitir su estudio a especialistas y casi siempre son restaurados por el nuevo dueño lo que ayuda a prolongar su existencia Por supuesto todo debe de hacerse respetando la legislación vigente con el fin de salvaguardar los derechos de los bibliófilos y el patrimonio cultural de la nación.

martes, 24 de febrero de 2009

X X I. Feria del Libro de Ocasión. MUNAL


Uno de los eventos que acompañan cada año la realización de la Feria del libro en el Palacio de Minería, es la Feria de libro de Ocasión que se lleva a cabo en el majestuoso edificio que alberga el MUNAL. Convirtiendo por unos días a la calle de Tacuba en el epicentro librero de la muy noble y muy leal ciudad de México.
Como ya es costumbre, los libreros que se presentan este año son los que normalmente asisten a este tipo de eventos, y entre los compradores sucede lo mismo, se observan muchas caras familiares.
Pese a todo, ya desesperábamos por ver que nos traía la feria en esta ocasión.
De manera general se percibe que los precios han disminuido, y que el número de ejemplares ofrecidos se ha incrementado sensiblemente en beneficio del comprador.
Entre los libros que pudimos observar se encontraban el Ensayo Político de Humboldt 5 t (París 1812), El Arte Nuevo de Escribir por preceptos... de Aznar de Polanco (1719), Los ConciliosProvinciales I y II de Lorenzana (México 1769), algunos de los sobrios papeles religiosos que imprimió Jáuregui, varios trabajos de las prensas de Ibarra y Antonio de Sancha, un ejemplar maravillosamente conservado de HERNADIA/ Triunphos de la fe... de Francisco Ruiz de León (Madrid 1755). Del Siglo XIX la oferta es abundante, se encuentran impresos de Alejandro Valdés, Mariano Lara, Abadiano, Cumplido, Boix y algunos otros verdaderamente atractivos.
En lo que toca a impresos del XX, no faltaron los buscados libros de los veintes, por otra parte, me llamó la atención la cantidad de ejemplares de los famosos libros que mandó imprimir Vasconcelos y el considerable número de primeras ediciones disponibles.
El rango de precios oscila desde los $50.00 pesos hasta los $ 20,000, como mencione anteriormente es posible encontrar verdaderas gangas.
La feria organizada por la Coalición de Libreros estará funcionando hasta el día 1 de marzo. No dejes de visitarla, es una magnífica oportunidad para adquirir un buen ejemplar.


miércoles, 18 de febrero de 2009

Inventario de una imprenta novohispana en el siglo XVII.


En 1674 se realizó un listado de los bienes de Juan Ruiz entre los que se incluyó el inventario de los materiales con los que contaba su establecimiento:

"Dos prensas de madera con lo necesario y la de una de ellas corriente y moliente que no se puede trabajar en ella; un tórculo de madera así mesmo corriente; tres cajas de letras y moldes de plomo de tres géneros, la una atanasia, la otra redondilla y la otra lectura, con poca letra bastarda, más otros tres cajones de los mismos géneros de letra vieja que llaman los impresores ; dos ramas , una de marca mayor sin crucera y la otra de papel ordinario con crucera; setenta moldes de tabla de diferentes santos pequeños ; otras setenta tablitas de molduras, diferentes escudos y armas; cuarenta tablas grandes de a media vara de estampas de santos de a pliego; ocho tablas de medio pliego de diferentes santos; ciento y diez y seis letras de madera esculpidas para moldes; quince instrumentos para vaciar letra de plomo y dichos instrumentos son de bronce, corrientes siete y los demás desbaratados; una cajita mediana con los adherentes necesarios a los instrumentos ; tres petaquitas con matrices para ajustar, las dos de matrices y la una de punzones ; un papel de matrices de bastardo atanasio; un papel con cuatro envoltorios de matrices de letra lectura; otro papel con cuatro atados de letra redondilla; otro papel con cinco envoltorio de letra pelican; un chiquigütillo mediano con diferentes letras para ajustar ; un banco con su bigornia mediana y su tornillo de hierro; un chiquigüite con diferentes hierros como son lima , alesnas y otros tornillos y plomos , más otro chiquigüitillo con instrumentos medianos para aderezo de los instrumentos grandes. 1

La información que proporciona el inventario nos habla de la capacidad, funciones y limitaciones de la imprenta, por otra parte nos damos cuenta que se trata de una imprenta novohispana, la gran cantidad de grabados de santos, en relación con los otros materiales resultan un buen indicador. Pero el hecho que lo confirma por completo, es el uso de nuestros queridos y populares chiquigüites como contenedores de los diferentes instrumentos destinados a la impresión.

1 Iguíniz B, Juan. Disquisiciones Bibliográficas. México, UNAM, 1987. p. 209 - 210

martes, 17 de febrero de 2009

Valdés, Octaviano. El Padre Tembleque.

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Hace algunos días anunció el gobierno de la ciudad de México una considerable reducción del flujo de agua en los hogares de los habitantes de la ciudad. Disminución que se debe en gran medida a la enorme cantidad de agua que se pierde por fugas en la obsoleta red de distribución, la cual seguirá sin funcionar mientras los gobernantes de la ciudad sigan viendo su cargo como un trampolín hacia la presidencia y se gasten el presupuesto en obras que resultan espectaculares aunque se traten únicamente de elefantes blancos.

Tal noticia me trajo a la memoria el libro del Padre Tembleque, en donde se narra la vida y la titánica obra que empredió fray Francisco durante 17 años, en los que en base de una voluntad inquebrantable construyó un acueducto que resultó digno heredero de los que el Imperio Romano dejó en su tierra. La construcción unió los 45 kilómetros que separan los cristalinos manantiales del cerro Tecajete en Zempoala del sediento y árido pueblo de Otumba.
En uno de los sucesos más curiosos del libro el autor nos cuenta que fray Francisco de Tembleque tenía como mascota a un gato, que además de hacerle compañía le procuraba el sustento, ya que era un diestro cazador que lo abastecía constantemente de conejos, permitiéndole dedicarse de tiempo completo al trabajo.
El Padre Tembleque se publicó por vez primera en 1945 en la editorial JUS y se realizó una segunda edición en 1961 en la misma editorial. A pesar del tiempo, el libro sigue siendo el mejor escritó y documentado sobre el tema.

Que fortuna que el Padre Tembleque no aspiró a un cargo político.

Bibliografía. Valdés, Octaviano. El Padre Tembleque. México. Editorial JUS, 1945
1 Arcos mayores del acueducto de Zempoala.
2 Portada de la 1a Edición

domingo, 8 de febrero de 2009

González de Cueto, Damían, ORATIO FVNEBRIS. 1603


El año de 1603 el Impresor Enrico Martínez publicó uno de los trabajos más hermosos que salieron de sus prensas: La ORATIO FVNEBRIS... de la autoría de González Cueto realizada en dísticos latinos para conmemorar la muerte del Padre Jesuita Antonio Arias.
El autor originario de la ciudad de México, fue maestro en artes, doctor y catedrático en medicina de su Real Universidad. Además de la Oratio Fvnebris escribió varios tratados médicos que al parecer nunca se imprimieron.1
Las personas que se han ocupado del estudio de la ORATIO FVNEBRIS coinciden en destacar el grabado en madera que ilustra la portada, por una parte se identifica claramente la gran influencia que tiene de los grabado europeos que representaban la muerte durante los siglos XIII, XIV y XV y por otra no podemos ignorar el hecho de que el autor era médico y seguramente la ilustración fue elaborada a su solicitud, lo que implicaría que de alguna u otra manera el grabador (al cual no conocemos por desgracia) tendría que preocuparse en representar con la mayor fidelidad posible al esqueleto.
Este grabado es de los primeros que se realizaron en nuestro país representando a la muerte, con lo que se inicia una tradición que tres siglos más tarde José Guadalupe Posada utilizando el mismo tema y la misma técnica logra convertir en una manifestación artística de tal nivel, que continúa gozando del reconocimiento y la admiración universal.

1 Berinstain de Souza, José Mariano. Biblioteca Hispanoamericana Septentrional, México, Ediciones Fuente Cultural, Librería Navarro, 1947 Volumen II p. 181.

lunes, 2 de febrero de 2009

MANUEL GOMÉZ MARIN, EL CURRUTACO POR ALAMBIQUE. 1799


El miércoles 8 de mayo de 1799 la Gazeta de México publicaba en su sección de encargos el siguiente anuncio: "El Currutaco por Alambique, Poema satírico-burlesco por el Dr. Don Manuel Goméz, Catedrático de Teología en este Colegio Seminario, se hallará con su estampa, al precio de 2 reales donde esta Gazeta".
Don Manuel, originario de San Felipe el Grande (actualmente San Felipe del Progreso) ocupó un lugar principal en el ambiente intelectual novohispano de finales del s. XVIII y principios del XIX su producción literaria es amplia y destacan sus obras en latín. Sin embargo ninguna de sus obras gozó de mayor popularidad que El Currutaco. En el ambiente anticlerical y antivirreinal reinante en México durante los siglos XIX y XX se le ignoró por completo, al grado de que a pesar de sus méritos su obra continua siendo poco conocida.
Aunque se calificó al Currutaco de poema satírico-burlesco es un documento de gran valor, que refleja en gran medida la mentalidad de la clase ilustrada novohispana. Se puede identificar las tensiones existentes entre europeos y americanos, la posición social de los criollos y el lugar asignado a los indígenas, la critica hacia el afrancesamiento en las modas y un sin fin de cosas más que permiten comprender la gran importancia del documento.

Se publicó en los talleres de Zuñiga y Ontiveros en un cuadernillo en octavo 16 pp, 14 p. de texto.
En la actualidad resulta muy difícil conseguirlo, lo que nos mueve a reproducirlo para los interesados.



CURRUTACO POR ALAMBIQUE.
Cierta noche de invierno,
( que también la hay muy crudo en el infierno)
un diablo impertinente,
cual botánico y químico excelente,
con maliciosos intento
se empeño en disponer un cocimiento
de cuanto malo había,
solamente por ver que salia.
Tomó un inmundo vaso,
que era el más oportuno para el caso,
y en el fue introduciendo
cuanto a su gran cabeza iba ocurriendo:
blasfemias, maldiciones,
perjurios, ignominias y traiciones
quintales de ignorancia,
de vanidad de orgullo y de arrogancia:
mentiras, embriagueces,
sátiras, bufonadas y sandeces;
embustes falsedades
sofismas, chismes, infidelidades,
desvergüenzas, dicterios,
bestialidades, raptos, adulterios
con otras mil porciones
que agregaron de valde los mirones,
como bravatas , riñas,
incestos, sacrilegios y rapiñas.
Y cuando ya todo esto
en aquel gran caldero estaba puesto,
otro diablo taimado,
que en silencio hasta entonces se había estado,
tocándose los cuernos,
(usada ceremonia en los infiernos)
después de una tosida,
señores dijo, lo mejor se olvida,
pues no se ha dicho nada
del caldo en que se ha de hervir esta fritada.
Tienes razón dijeron
aquellos practicantes que lo oyeron.
que es muy justo que se atienda
al complemento de esta gran merienda.
Así los condenados
según sus dignidades y sus grados,
fueron votando todos,
y expusieron su juicio a mil modos.
Un pobrete el primero,
de malísima capa y peor sombrero,
catador sin segundo
de los mejores caldos de este mundo
la capilla terciada,
y una ala del sombrero levantada,
señores dice al corro,
o es preciso tenerme por buen porro,
o el mejor ingrediente,
sin duda debe ser el aguardiente.
Mucho me cuadra el voto,
gritó desde su asiento otro más roto:
pero advierto a conciencia
( y cuidado que es larga mi experiencia)
que es mejor que el de España
el aguardiente puro de caña.
Llamanle chinguirito
por lo feroz, lo acre y lo maldito;
y si hay quien lo resaque,
toma también el nombre de aspirriaque;
pues su aspereza es tanta,
que entra siempre raspando la garganta.
Y para persuadirlos,
concluyo brevemente con deciros,
que tengo una cabeza
de un increíble vigor y fortaleza:
que sin dolerme una uña,
soy capaz de beberme a Cataluña:
pues me tomo un barril, y me estoy quedo,
de Chacolí, Anisete,
de Málaga, Peralta Pajarete,
o tintilla espichada,
y parece que no he tomado nada:
mas con solo un traguito
del monseñor Aspirriaque , me vomito,
se me resbala el suelo,
se me viene abajo todo el cielo,
me caigo, me apasiono,
y a la verdad confieso que me enmono:
me quedo como muerto,
y pasados tres días aún no despierto.
¿Cuadra pues el calducho
que yo he propuesto a Useñorias? y mucho
respondieron algunos;
pero otros se opusieron inoportunos
con vituperios tales,
que ya no escuchaban los vocales.
Resonaba la gruta
con la grita y fervor de la disputa,
hasta que el presidente,
volviendose a aquellos con sañuda frente,
callad les dice al punto,
y oigamos a otros sobre el mismo asunto.
De esta ocasión se vale
un indio miserable que allí sale,
haciendo acatamientos
por donde quiera que descubre asientos:
y en estilo prolijo,
después de mirar mucho el revoltijo,
empezó a citar leyes
en favor, ya se ve, de los magueyes,
trayendo a la memoria
los elogios que se hallan en la historia
de esta preciosa planta.
Mas apenas el indio se adelanta
a persuadir con esto,
que el químico echará sin duda el resto,
si del pulque echa mano,
cuando sobre mi triste americano
llovieron torniscones,
insultos, puntapies y bofetones
de marruecos, ingleses
de escitas, árabes, dinamarqueces
de etiopes.. ¿Mas que intento
el furor describir y el ardimiento
con que todos estaban,
y al pobre cuatro orejas maltrataban?
!Que insigne majadero¡
exclamó a gritos el infierno entero:
téngase por ninguno
un voto en realidad tan inoportuno.
Estaba puntualmente
a la diestra del dicho delincuente
un francesillo mono,
que en magistral y decisivo tono,
dandole con la mano
palmaditas al pobre americano
chico, le decía, tate,
bien se conoce que eres tecomate.
Y al corro convertido.
yo compañeros, dice, he discurrido
completar esta pieza
usando sólo la mejor cerveza
¿Quien se acordaba de eso?
respondió palmeteando aquel congreso:
ella no vale nada,
pero qué hemos de hacer si es tan usada:
es amarga , es nociva,
más sin embargo la cerveza viva:
y pues sola ella sobra,
venga cerveza y continúese la obra.
Hizose puntualmente
según la aclamación de aquella gente,
y avivandose el fuego,
empezo a hervir el mixto desde luego,
pero con fuerza tanta,
que hasta el célebre químico se espanta:
veíanse en borbotones
asomarse hacia arriba las traiciones:
precipitabanse éstas,
y su vez ocupaban las requestas
los más torpes dicterios
desvergüenzas, estupros, adulterios,
siendo lo más notable
que todo aquel congreso respetable,
al ver cada mudanza,
buena, gritaba, buena va la danza.
Todo el fuego se apura
para que tome punto la mixtura,
y cada cual se empeña
en que al caldero no le falte leña.
Era cosa de risa
el  ver en el infierno aquella  prisa
con que los condenados,
alrededor  de  la olla colocados,
 a un  tiempo la soplaban,
y  aun con la  boca el  fuego  reforzaban.
Pero con  qué porfía
 el  diablo   boticario  revolvía
por  quince  días  cabales
sus  ya medio  cocidos materiales:
mientras  los arlequines,
o llamémoslos diablos galopines,
con  no  menor presteza,
de  cuando  en  cuando echaban más  cerveza,
según  les ordenaba
el químico  que  aquello  manejaba.
En esta alternativa,
convertida la olla  en  ascua  viva,
con  un afán  eterno
emplearon  muchos días del infierno:
pero fue necesario
que la  empresa dejara el boticario:
porque  !qué  pestilencia!
faltóles a los  diablos la paciencia,
sin  que  fuese posible
tolerar el hedor tan insufrible
que el   vaso despedía;
y  cada   practicante  repetía,
viéndose  medio  ahogado,
¡ oh mal haya mil  veces el  gisado
que  tanto  nos  emporra,
sin  saber en qué para  esta  camorra!
Mas llegó finalmente
el tiempo que esperaba aquella gente;
y salió de aquel vaso,
(pasmese todo mundo al oír el caso)
salío por fin, repito,
de allí un hemafrodita muñequito:
cuyo traje y figura,
semblante relamido y compostura,
presento una persona
que obligaba a dudar si es mono o mona:
de hembra el cuerpo parece,
pero el lama es de macho y merece
llamarse hemafrodita,
aquel que siendo macho a la hembra imita.
Pero tratado el punto
con cuanta gravedad pedía el asunto,
decretó el boticario,
que por un privilegio extraordinario,
no obstante el talle fino,
perteneciese al sexo masculino.
Su mujeril peinado,
pendiente una balcarra en cada lado,
y un zarcillo o arete
era el adorno de este mozalbete.
De una gasa muy fina,
o tal vez de floreada muselina,
un rollo inmenso hacía
en donde hasta la boca se metía.
Era escaso el chaleco,
porque tenía el prurito este muñeco
en que el calzón subiera
casi hasta donde acaba la chorrera:
si es que tenía calzones,
que en esto hubo diversas opiniones.
Los primeros que vieron
a este malvado bicho, presumieron
que los tendría pintados,
y así lo parecían por lo ajustados.
Hubo allí otros peritos,
que sin recelo defendían a gritos,
que tal calzón no usaba,
pues que la carne viva se miraba:
pero un diablo machucho,
compañeros,les dijo, este avechucho
a la corva se aplica
una charreterita, y esto indica
que sus calzones tiene;
porque si no la hebilla ¿a que fin viene?
Entonces ya curioso,
usa de un microscopio poderoso,
y observa diligente
con la virtud y auxilio de la lente,
que aquellas piernas flacas,
que por modestia no las llamo estacas,
le cubrían un liencecito
tan delgado, tan fino y exquisito,
que tenía mil razones
los que al mono creyeron sin calzones.
Item tenía el monillo
un casacón o fraque hasta el tobillo,
al pecho abotonado
pero angosto hacia atrás en tanto grado,
que hablando sin mentira,
no era otra cosa que una pobre tira,
que el aire volaba,
y al infeliz trasero destapaba.
Concluyo su retrato
con añadir un solo zapato
ya parecía lanceta,
o barco veneciano que se fleta.
Todo él, si me apura,
era la más ridícula figura
que han visto los vivientes,
como hijo al fin de tales ingredientes.
El demonio aturdido
al ver de lo que el vaso había salido,
sin concebir siquiera
el que tanto pecado le cupiera
a este muñeco flaco,
!Oh tu, le dice, insigne Currutaco,
hijo de mis entrañas,
tu solo eres capaz con tus patrañas,
y con tus monerias,
de abastecer mi reino en pocos días:
te juro por mis cuernos
que nunca han conocido los infiernos
un ente semejante:
sal de aquí pues, oh Currutaco andante,
hijo mío sin segundo,
y los países recorre del gran mundo:
propágase tu casta
y no he de menester más, esto me basta
Dijo: y el misionero,
tomando en una mano su sombrero,
y en la otra una varita,
volviendo a todas partes su carita,
y haciendo otras monadas,
agur dijo a los diablos, camaradas.
Aquí sacó el pañuelo,
y arrastrando los pies por aquel suelo,
y tarareando un poco,
se escapo del infierno este gran loco.
Mas desde aquel instante
nos dio señales ciertas de un vagante,
pues corrío las naciones,
y en todas ellas nos dejo lecciones
del modo de peinarse,
de sonreirse a la moda y de menearse,
de llegar a un estrado,
y con cierta confianza y desenfado
sobre cualquier silla
arrojar el sombrero y la varilla,
tomando muy contento
entre las mismas damas un asiento:
charlar con todas ellas
declararlas sus celos y querellas,
hablar de coliseos,
de banquetes de bailes y paseos,
y de otras mil soflamas
con que halagan el gusto de las damas.
!Pero quien lo creyera
el que tan fácilmente se extendiera,
aun entre gente fina,
la lección de este mono y su doctrina¡
Yo confieso pasmado
que casi todo el mundo se ha enmonado,
según las monerías
que estamos observando en nuestros días
y al fin ha conseguido
reforzar el demonio su partido,
pues con tales lecciones
hay monos y monitas a millones.
!Mal haya el boticario
que nos dio este muñeco estrafalario¡













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