lunes, 27 de abril de 2009

Libros en tiempos de influenza.


El día de ayer, caminando por las increíblemente vacías calles de la ciudad de México me encontré con la curiosa promoción que organizó la Librería el Hallazgo de la calle de Mazatlán.

Manifestación que se suma a la gran cantidad de chistes y puntadas muy a tono con la vena mexicana del humor macabro, sin embargo también nos da pie a reflexionar nuevamente sobre las interminables bondades del libro, que se hacen más evidentes en momentos en que realizar alguna otra actividad resulta imposible.
Aprovechamos la invitación de la librería de ocasión y conseguimos un buen libro, por supuesto con su 25% de descuento.

sábado, 25 de abril de 2009

Lasso de la Vega, Domingo. Reglamento General de las Medidas de Aguas 1761.


Domingo Lasso de la Vega nació en la Nueva España fue presbítero del arzobispado de México, bachiller de su Real Universidad, filomatemático y agrimensor. Entre los escritos que llevó a las prensas se mencionan: Astral Concento del Cielo, cuya dulzura se percibe en la Tierra, por la armonía de sus Cálculos y Pronósticos y El Reglamento General de las medidas de las Aguas que presentamos en esta ocasión 1

A pesar de que el Reglamento que escribió Lasso de la Vega no fue un documento que contara con carácter oficial, se difundió profusamente a lo largo y ancho de Hispanoamérica, se conocen ejemplares que llegaron a la Nueva Granada e incluso a Chile. Algunas de las cualidades que contribuyeron a tal difusión fueron que:

-Funcionó como guía para aclarar un sin número de cuestiones que permanecían en un estado de completa ambigüedad. Muchos de los conflictos derivados del uso y repartimiento de las aguas eran causados, simple y sencillamente por no contar con las definiciones precisas de los conceptos hidráulicos, es en ese sentido que van los primeros artículos del Reglamento.


-Aborda un punto de importancia toral, se establece que el Dominio de las aguas en la Nueva España y los otros virreinatos y capitanías de hispanoamérica es exclusivo del poder Real a diferencia de lo que acontecía en la península ibérica donde se reconocían algunos dominios de particulares adquiridos desde tiempos remotos. De manera que en el papel, todas las mercedes de aguas en América para que fueran validas tendrían que haber sido otorgadas por el Rey a través de la persona del Virrey. (cosa que en realidad no sucedió, en algunos casos se respetó incluso derechos y usos anteriores a la conquista)

- Otro asunto destacable que toca el Reglamento General... es que por primera vez se incorporó el concepto de velocidad en la medición de agua. Las medidas tradicionales correspondían a medidas de área y no de volumen, hecho que provocaba tremendas variaciones en las asignaciones de agua.

En su obra Lasso de la Vega nos explica como realizar un aforo, tarea que necesariamente implicaba considerar la velocidad y nos indica la manera de construir un dispositivo que permitiera regular de manera más equitativa el flujo del vital liquido.

Al mismo tiempo establecen de manera precisa las siguientes equivalencias entre las medidas que se utilizaban.

1 buey = 48 surcos
1 surco= 3 naranjas= 24 reales= 432 pajas.

Debido a estas características fue que El Reglamento... se convirtió en libro de consulta obligada para cualquier persona con la capacidad de erigirse en justicia en cada una de las diferentes poblaciones del reino, por eso no resulta muy extraño que una vez agotados los impresos se realizaran copias manuscritas de tan útil y necesario documento.

En el último artículo del breve reglamento el autor menciona lo siguiente:

De todo lo qual se infiere la suma utilidad de este escrito, el que según su naturaleza, forma un argumento eficaz, de ser todo lo que en el se contiene, un camino fácil y seguro en justicia y razón para que se hagan con exactitud las medidas de las aguas, tanto fuera como dentro de nobilísima ciudad: no olvidándome suplicar rendidamente, se me disimulen los defectos en que por omisión, ( que será inculpable) ignorancia, ú olvido hubiere incurrido: supuesto que mi afecto, si consigue este escrito la propicia aceptación á que se aspira no desmayare en dar entera satisfacción al publico, con los dos reglamentos restantes que pertenecen a esta facultad; es a saber : de Tierras y Minas. Vale & Fruere
Laus Deo.

Un rasgo muy novohispano fue, que a pesar de contar únicamente con 21f. Se ocupó una hoja completa para incluir un soneto de " Un amigo del autor en laudatoria de la obra" en el que se dan cita Apolo, Las Musas, Arquímedes y algunos otros personajes para animar a Don Domingo en su labor.



El manuscrito que presento es seguramente una copia realizada teniendo como modelo, alguno de los ejemplares salidos de la Imprenta Mexicana de Don José de Eguiara y Eguren, algunos detalles me llevan a proponer circa 1790 como la fecha en que se realizó la copia manuscrita.






Mencionamos una nota que no deja de ser curiosa: entre las personas que dan su parecer y aprobación destaca el filomático... don Felipe de Zúñiga y Ontiveros quien solo unos años después se convertirá en el impresor más importante del hemisferio occidental a finales del siglo XVIII.

Se encuentra encuadernado en pergamino junto con algunos otros impresos y manuscritos de la época, en folio, y en el lomo tiene escrito Dctos. R[ea]les y Pape[les] Varios. Latín y Español, misma letra en todo el texto del Reglamento... 21 f.

1 Beristaín de Souza, José Mariano. Biblioteca Hispanoamericana Septentrional. México, Ediciones Fuente Cultural. 1947, Tomo III p.105

lunes, 6 de abril de 2009

La biblioteca de Luis del Razo.

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Cuando se nacionalizaron las bibliotecas conventuales durante la segunda mitad del XIX se pensó en utilizar sus acervos para enriquecer la Biblioteca Nacional, el propósito se vio frustrado, solamente algunos (curiosamente los menos valiosos ) llegaron a su destino.
La mayoría pasó a manos de libreros que los pusieron de inmediato a la venta, ofreciendo libros que difícilmente se volverían a ver en librerías. Precisamente durante esta época dorada, algunas personas actuaron de manera no muy lógica pero si bastante entendible, entre ellos el acaudalado Luis del Razo ocupa un lugar muy especial.

Fernando Benítez nos narra lo siguiente:

Su biblioteca no se hallaba agrupada amorosamente en el mejor aposento de su casa, sino dispersa en la mansión que fundara el filántropo conde Romero de Terreros, consuelo de pobres y alivio de arrancados; ya que don Luis del Razo para comprar nuevas obras, empeñaba grandes lotes de libros con grande pena de su parte. En compensación llevaba un gran número de papeletas de empeño, cuidadosamente clasificadas. Cuando alguien le preguntaba por determinado libro. después de entendida la pregunta -cosa que acontencía a la tercera o cuarta vez de formulada, pues era sordo como una tapia- se apresuraba a contestar: - Por supuesto que lo tengo- y mostrando una papeleta agregaba: Aquí tiene usted a Veytia, y aquí están las Disertaciones de Alamán, aunque bastante reducidas.

Era el único hombre que podía alardear de llevar consigo siempre su numerosa biblioteca.2

1. Nacional Monte de Piedad.
2. Benítez Fernando. Cuatro bibliómanos del siglo XIX. México. Revista de Revistas, 2 de septiembre de 1934.

viernes, 3 de abril de 2009

El altar de la Virgen de Dolores entre libros.


Año con año la tranquilidad en la que se encontraba la biblioteca de mis abuelos se veía alteraba durante unos días debido a que era el lugar elegido para colocar el altar de Dolores, una de las tradiciones más arraigadas en la Nueva España desde sus primeros años. No era casual que se levantara resguardado entre libros, finalmente así se había hecho durante siglos primero en Santa María de los Lagos (Lagos de Moreno) posteriormente en la ciudad de León Guanajuato y finalmente en la ciudad de México, como buena familia de origen alteño preservar las tradiciones era fundamental.
El viernes anterior al viernes Santo se colocaba un altar con una imagen de la Virgen Dolorosa, sobre un manto morado se ponían naranjas atravesadas por banderitas de papel picado, trigo sembrado con quince días de anticipación y lo que más disfrutábamos, los vitroleros llenos de agua de sabor limón con chía, naranja, horchata, jamaica y tamarindo.

Mis abuelos ya no están con nosotros, su biblioteca se encuentra dispersa y la tradición del altar de Dolores casi extinta, sirvan estas líneas y la imagen de su último altar, como un recordatorio para todo ello el día de hoy 3 de abril del 2009 viernes de Dolores.

miércoles, 1 de abril de 2009

Bibliografía Mexicana del siglo XVI: Catálogo razonado de libros impresos en México 1539-1600. García Icazbalceta, Joaquín.


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Con la Bibliografía del siglo XVI quiero comenzar una serie de entradas que traten sobre las principales fuentes para el estudio del libro en México.

Me parece que no hay libro más apropiado para iniciar, que el de García Icazbalceta, el cual a pesar de sus 122 años de existencia sigue siendo una obra de consulta obligada para cualquier persona interesada en el tema. Después de cuarenta años de grandes trabajos y tras costear con  recursos propios la impresión, le fueron entregados al autor el 18 de diciembre de 1886 los primeros ejemplares de la Bibliografía Mexicana.
La Bibliografía incluye además de lo que sería propiamente el catálogo de libros, algunos interesantes ensayos como: La introducción de la imprenta en México, Los Médicos en el siglo XVI, La industria de la seda, los autos de Fe, y veinticinco biografías entre las que destacan la de Fray Pedro de Gante y la de Maturíno Gilberti, todos ellos realizados con la erudición y el rigor académico que caracterizaron a don Joaquín. Finalmente el libro se acompañó de hermosas reproducciones de todas las portadas que el autor tuvo disponibles por medio de fotolitografías, poniendo cuidado hasta en el más mínimo detalle.
La primera edición fue de 350 ejemplares, número que resultó insuficiente, ante la expectativa que había generado entre los estudiosos, aunada a la corta tirada habría que restarle los que no pudieron ponerse a la venta, debido a un desafortunado evento :
"El encuadernador de mi último libro me ha ensuciado y estropeado un gran número de ejemplares (más de 80) y voy a ver los que puedo reparar con los pliegos y estampas sobrantes".2 No se sabe en realidad cuantos se lograron reparar.

Los diez pesos en los que se vendió en 1886 no fueron obstáculo alguno para que se agotara en poco tiempo la edición. Ante la necesidad de contar con tan imprescindible texto el Fondo de Cultura Económica realizó en 1954 una nueva edición, teniendo el acierto de encargarle la misión a Agustín Millares Carlo quien no contento con reproducir lo hecho por don Joaquín, colocó las adiciones del mismo don Joaquín, las de Toribio Medina y algunas otras que se habían ido acumulado en los últimos sesenta y ocho años, conservó el planteamiento original y respetó el eje cronológico de presentación. Comprendiendo la doble naturaleza del libro se esmeró en hacer de esta útil herramienta un objeto hermoso, presentando un libro en 4o mayor, planos en tela, lomo cuajado, 581 pp. y 156 láminas. De nueva cuenta los 2100 ejemplares que se tiraron resultaron insuficientes. De esta edición, aunque escasa es posible todavía hacerse de algún ejemplar.

Curiosamente en la actualidad resulta más fácil y más barato adquirirla en el extranjero vía internet.









1. Edición de 1954.
2. Bernal, Ignacio. Correspondencia de Nicolás León con Joaquín García Icazbalceta. México. UNAM. 1982. p.140
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