
Año con año la tranquilidad en la que se encontraba la biblioteca de mis abuelos se veía alteraba durante unos días debido a que era el lugar elegido para colocar el altar de Dolores, una de las tradiciones más arraigadas en la Nueva España desde sus primeros años. No era casual que se levantara resguardado entre libros, finalmente así se había hecho durante siglos primero en Santa María de los Lagos (Lagos de Moreno) posteriormente en la ciudad de León Guanajuato y finalmente en la ciudad de México, como buena familia de origen alteño preservar las tradiciones era fundamental.
El viernes anterior al viernes Santo se colocaba un altar con una imagen de la Virgen Dolorosa, sobre un manto morado se ponían naranjas atravesadas por banderitas de papel picado, trigo sembrado con quince días de anticipación y lo que más disfrutábamos, los vitroleros llenos de agua de sabor limón con chía, naranja, horchata, jamaica y tamarindo.
Mis abuelos ya no están con nosotros, su biblioteca se encuentra dispersa y la tradición del altar de Dolores casi extinta, sirvan estas líneas y la imagen de su último altar, como un recordatorio para todo ello el día de hoy 3 de abril del 2009 viernes de Dolores.
Mis abuelos ya no están con nosotros, su biblioteca se encuentra dispersa y la tradición del altar de Dolores casi extinta, sirvan estas líneas y la imagen de su último altar, como un recordatorio para todo ello el día de hoy 3 de abril del 2009 viernes de Dolores.















