miércoles, 11 de marzo de 2009

La Biblioteca de Bernardo de Balbuena.

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Cuando Bernardo de Balbuena desembarcó en San Juan de Puerto Rico, seguramente creyó que su valiosa biblioteca había salvado todos los peligros que implicaba transportarla durante años por las inquietas aguas del mar Caribe, desde México rumbo a Jamaica, posteriormente a la isla de Santo Domingo y finalmente a Puerto Rico.
Muy lejos estaba de imaginarse que en septiembre de 1625 el pirata holandés Balduino Enrico atacaría con 17 barcos y 1500 soldados la ciudad de San Juan, que ante la negativa de rendirse la redujo a cenizas. El obispo perdió todas sus posesiones incluyendo su querida biblioteca que además de contener los libros que había atesorado a lo largo de su vida, en ella se encontraban sus obras inéditas como La alteza de Laura, las cuales se perdieron para siempre. Al dolor de la perdida se sumó la pobreza, en el devastado San Juan la calidad de obispo no lo libró de la miseria.
Lo único que podía salvarlo de su precaria situación era la pronta llegada de los caudales del "situado mexicano" que era como se le llamaba al subsidio que llegaba de la Nueva España, pero el dinero que esperaba, llegaría después de su muerte.

Así como desapareció su biblioteca entre las llamas, comenzó a extinguirse la vida de Bernardo de Balbuena.

Lope de Vega y Carpio le dedicó al triste suceso en El Laurel de Apolo las siguientes líneas:

Y siempre dulce tu memoria sea
Generoso prelado,
Doctísimo Bernardo de Balbuena,
tenias tu el cayado de Puerto Rico,
cuando el fiero Enrique
Holandés Rebelado
Robó tu librería
pero tu ingenio no, que no podía.

1 Grabado que se incluyó en la 1a edición de Grandeza Mexicana. Impresa en México por Melchor Ocharte en 1604.

5 comentarios:

Galderich dijo...

Una historia estremecedora de un bibliófilo y más si tenemos en cuenta que en el Nuevo Mundo (Viejo para los que ya vivían en él!) una biblioteca como la que debió tener lo ligaba a su imaginario cultural.
Perdida la biblioteca debió perder sus referentes consultables y con ello la vida.
Cuando leo estas vidas siempre pienso en la de películas sin interés ni sustancia que se filman y cuantas historias nos da la Historia para reflexionar sobre nuestro presente desorientado.

DIEGO MALLÉN dijo...

¡Qué noticia más interesante, amigo Marco! Y que tristeza infinita la del obispo al que ni el pensar que todas las cosas humanas están condenadas, antes o después, a su desaparición pudo consolar la pérdida de la biblioteca. ¡Emotivo! Saludos bibliófilos.

Marco Fabrizio Ramírez Padilla dijo...

Galderich. Es un gusto recibir tu comentario. Aunque no se sabe con exactitud cuantos y que tipos de libros la componían, debió de ser asombrosa. Ahora que lo mencionas ¡Que buena idea! sería un guion maravilloso la vida de Bernardo de Balbuena. Saludos

Marco Fabrizio Ramírez Padilla dijo...

Diego. Muchas Gracias. Con respecto al apego tienes mucha razón, a veces se nos olvida que en el mejor de los casos solamente somos los guardianes temporales de nuestros libros.
Saludos bibliófilos.

Galderich dijo...

Diego, buen comentario teniendo en cuenta que en las Vanitas barrocas siempre se representaba el mundo caduco con los libros.
http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/obras/10662.htm

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