martes, 31 de mayo de 2011

Identificando una marca de fuego.





La  extendida  costumbre de marcar   con hierros  candentes los  cantos de los libros  que  formaron las  bibliotecas  novohispanas,  dejó   huella  en una  gran cantidad de  ejemplares, no sólo por  el número,  sino  por  la  variedad de marcas   que  fueron  utilizadas. En la actualidad   existe  un creciente  interés  por los    libros marcados,  a  algunas personas,  les  causan tal  fascinación, que  su  sola  presencia   es motivo  suficiente  para adquirir  el  ejemplar.  Al localizar  una   marca de fuego  el primer impulso es tratar de  identificarla para  conocer   parte de su  historia.

 La  elaboración de un   catálogo para   lograr  la plena  identificación     ha  sido  anhelo permanente desde hace  algún  tiempo. Ya en 1925  Rafael Sala  publicó  un listado  con 178    marcas  diferentes, a 151  de ellas  les asignó   procedencia  y  27   no  fueron identificadas. Otro esfuerzo de  gran importancia  fue el  catálogo  publicado por  la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia en 1989, se trata de  una  obra  muy  completa debido  a  que  se  tomó  como  fuente   las  marcas de los libros  que  componen  los valiosos  fondos  conventuales que  resguarda. Otras  bibliotecas  se  han  sumado al esfuerzo  como el  caso del  listado que  elaboró  la   biblioteca Elías Amador de Zacatecas en  1992.
La  creación de un catálogo completo  no es tarea  sencilla, se trata de una  investigación  que  abarca  un   periodo de tres  siglos, además se debe considerar que fueron numerosas las corporaciones    que recurrieron  al fuego  para resguardar sus libros, en algunos casos utilizaron  diferentes marcas  para   la  misma  biblioteca  e incluso una misma  marca se realizó con diferentes hierros, dando  como resultado   una  gran variedad  de modelos, sí   añadimos  las utilizadas en  las  bibliotecas   particulares, la  tarea   se  convierte   en una obra de grandes proporciones. 

Buscando información en la red   nos llevamos la agradable  sorpresa de llegar    al  proyecto del Catálogo Colectivo de  Marcas de Fuego  que es una  novedosa iniciativa   destinada a elaborar  un  instrumento   que   contenga  todas las  marcas de fuego  utilizadas  durante la  época  virreinal,  incluyendo las pertenecientes a  bibliotecas  particulares. 

En este caso no fue  posible   localizar   información sobre la  marca en ninguna parte. El  impreso en el  que se encuentra es de finales del siglo XVIII  probablemente  perteneció a una  biblioteca  particular en la ciudad de Guanajuato, por desgracia no cuenta con  ex libris. Con la esperanza de recabar alguna información la  publicamos  aquí y  por  supuesto la  ponemos a  disposición del Catálogo Colectivo.


6 comentarios:

rui dijo...

Buena entrada sobre un tema un poco desconocido para mí. Por eso no te puedo ayudar.
Saludos

Marco Fabrizio dijo...

Caro Rui.

Celebro mucho que te agrade la entrada.
Además de identificar la marca, la entrada trata de dar a conocer el modo tan particular de evitar los robos de libros.
Actualmente esas marcas se han convertido en una herramienta muy valiosa para conocer la composición de las antiguas bibliotecas.

Muchas gracias por tu comentario.

Te mando un fuerte abrazo

Galderich dijo...

Marco Fabrizio,

Tampoco puedo ayudarte en la localización de esta marca pero si que te puedo agradecer, y mucho, la información que facilitas sobre el tema.

Conocía de su existencia pero no de su loable intento de catalogación que esperemos se vaya concretando y ampliando con aportaciones como la de esta entrada ya con el origen determinado.

Me recuerda el marcaje de las ovejas...

Marco Fabrizio dijo...

Estimado Galderich.

Me comentaban las personas encargadas del proyecto, que ha tenido mucha aceptación, incluso debido a la gran participación, se han logrado identificar algunas marcas que hasta hace poco su procedencia era desconocida.

Con respecto a las ovejas, tienes toda la razón La marcas usadas en el ganado para evitar el abigeato seguramente sirvieron de inspiración para impedir el robo de libros. Y sobre todo, fueron mas efectivas que las excomuniones lanzadas a los ladrones.

Un fuerte abrazo.

Alberto Gamarra dijo...

Estimado Marco:

Acabo de ver la ficha en el Catálogo de las Marcas de Fuego dedicada a la presente en tu libro. Realmente curiosa aunque el interés que tienene los primeros ejemplares de la gaceta de México no se queda atrás. Espero que en un futuro les dediques una entrada. Por cierto, gracias a que enviaste el link de mi humilde articulo a los responsables del catálogo la han logrado identificar como perteneciente a la biblioteca del desaparecido convento de San Agustín en Zacatecas. ¡Resulta fantástico! Incluso existen ejemplares actualmente con la misma marca de fuego. Lo puedes ver todo en los comentarios de mi post.

Recibe un cordial saludo desde Burgos

Alberto Gamarra Gonzalo

Marco Fabrizio dijo...

Estimado Alberto.


Ya leí los comentarios de tu entrada. No sabes el gran gusto que me da la noticia de la identificación de la marca de tu libro. Se devela una parte importante de su historia, es un libro que ha cruzado por lo menos dos veces el Atlántico. Ojalá se integre también al catálogo.

Es imposible dejar de asombrarse de la capacidad de la red para lograr encuentros que hasta hace no tanto parecían imposibles, no sólo por acortar las enormes distancias geográficas, sino por conseguir un mayor acercamiento entre bibliófilos e instituciones.
Espero subir próximamente una entrada sobre la Gazeta.

Muchas gracias por la noticia.
Un abrazo

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