jueves, 19 de mayo de 2011

Ward Pool Bibliómano


Revista  de  Revistas es una publicación que ha  pasado  a la historia  editorial mexicana, principalmente por  las portadas que elaboraron  para  ella  talentosos  diseñadores entre los  que destacó Ernesto García  Cabral mejor conocido como el "Chango Cabral"  la calidad de la portada   correspondía  totalmente a la  calidad  del  contenido. Una de las jóvenes plumas que  colaboraba  regularmente era la de Fernando Benítez, quién nos legó  el curioso retrato de algunos  bibliómanos  de la segunda mitad del siglo XIX. 

"En frente del  Seminario  Conciliar  se  hallaban  instalados  los libreros  de  viejo, muy  temprano  hacia acto de presencia un  hombre   alto,  enrojecido por el  sol, sombrero de  fieltro, larga  levita   ojos  pequeños  y  azules, era  el  vivo retrato de un Tío Sam  empobrecido y erudito, su nombre era Ward Pool. Al   señor Pool  nunca  se le  vio   tomar  parte en los  corrillos,  jamás  terciaba en las  discusiones que se libraban   bajo las  sombras de los puestos, y mientras los demás  clientes se afanaban en completar  sus  obras, el estrafalario  norteamericano compraba únicamente  los libros  truncos. Las  gruesas colecciones completas de  historia, o los  volúmenes   numerados de las   novelas   románticas, nunca  le interesaban. Sólo se  apasionaba   por  las  obras de  derecho, los libros mutilados   que ocupaban los   peores lugares en el mercado  y que  todos desdeñaban.
 Compraba diariamente,   por cinco  o diez  centavos , algunos  libros  y se  marchaba entre las  risas de los  libreros y los regocijados  comentarios de los  eruditos Uno de los  más  apasionados  bibliófilos de  aquel  tiempo,  no pudiendo  contener la curiosidad que le  causaba la extraña  manía del señor  Pool , lo  abordó decidido una  mañana.
-Perdone la impertinencia, Señor Pool ¿No podría  usted decirme por  qué  causa  compra únicamente  libros truncos?
-¡Oh, es muy sencillo de explicárselo!- Prorrumpió el extraño  personaje, feliz en poder  contar la  causa de tan peregrino  gusto-. El lector de una novela es, si usted  quiere, el  apasionado espectador de una  serie de sucedidos  interesantes o no, pero  su papel es solamente pasivo, su  intervención en la obra de arte casi nula. Si  yo  leo nada  más el  primero o último  tomo  de una obra novelesca,  desconozco  el  desenlace o planteamiento  que fingió  el  autor. La  imaginación  entonces,  en  ves de levantar tan disparatados castillos en  el  aire puede crear diez, cien, mil  desenlaces, y  otros  tantos  comienzos,  quizás  más interesantes  que los tejidos por  el autor de  la  novela. Además queda en el  espíritu la  inquietud de lo  desconocido , esa  inquietud  creadora  a la  que debemos los mejores  descubrimientos  y las  admirables ficciones. Usted no me negará  que  cuando  aclaramos, lo  que  fue  para nosotros un  turbador misterio, siempre  quedamos defraudados. Lo  desconocido  es para   los  hombres más   bello  que   la  más  bella de las realidades.
Eso por lo  que  respecta las  obra de la imaginación. En  cuanto a las  científicas, usted  convendrá  conmigo que  si me interesa la Revolución francesa  no tengo la  necesidad de leer toda la  historia de Francia,  y que  si deseo  conocer los fenómenos de la  electricidad, no estoy  obligado a estudiar todos los  engorrosos  capítulos de los  que se  compone la física .
Ahí  tiene  usted  explicada  la razón de mi extraña manía, lo  que  seguramente le  habrá  causado un  desencanto.
Y quitándose  con un  gesto  británico  su enorme sombrero  de fieltro,  se alejó   a  grandes trancos  de  la soleada  plaza
Al morir el señor  Pool  completamente  abandonado,  la policía  encontró  su  cadáver  rodeado de  cinco mil  volúmenes polvorientos sin hallarse, en  esa  cantidad , una  sola  obra completa."

Fuente de Fray Bartolomé de las Casas.

Antes de que  fueran concentrados en el mercado del Volador, los puestos de libros  viejos  se  encontraban  en el espacio   localizado en el costado   oriente de la  Catedral y  el  antiguo  Seminario Conciliar, lugar  conocido como Plazuela del  seminario  o Paseo de las  cadenas. Desde  1855   el  ayuntamiento  otorgó   permisos  para la  instalación  de los libreros,  algunos   rentaban los  kioscos  con  techo de  dos  aguas   y  puertas de madera, otros más  modestos los  ofrecían   afuera del Sagrario, en el suelo, sobre simples   tarimas.
Ya en  el siglo XX con  la  ampliación del  atrio de la  Catedral, la  demolición  del Seminario  Conciliar y los  trabajos de   excavación del Templo Mayor, el sitio experimentó una  completa  transformación.  En  el lugar  que anteriormente  se  intercambiaban libros, ahora se encuentra  la  fuente de  Fray Bartolomé de las  Casas, ya  no  queda huella  física de lo que una vez  fuera   el corazón   librero de la  ciudad , pero por  fortuna permanecen  los relatos   de  aquellos  libreros y en especial  de los pintorescos  personajes que  acudían incansables a la interminable  búsqueda de   tesoros de tinta  y papel .



Bibliografía.


Benítez Fernando. Cuatro bibliómanos del siglo XIX. México. Revista de Revistas, 2 de septiembre de 1934.
Novo, Salvador. Nueva Grandeza Mexicana, México, CNCA .1988

4 comentarios:

Galderich dijo...

Es curioso como en Barcelona los libreros también se establecieron delante del Seminario. Hoy sólo queda un puesto que se dedica únicamente a la venta de revistas y DVD pornogràficos... ¡gran contraste, o no, que esté enfrente del Seminario!

Por cierto, hermosa historia la de este bibliófilo norteamericano.

Marco Fabrizio dijo...

Galderich.

Pues sí, es una coincidencia muy interesante. Supongo que los seminaristas son muy buenos clientes... me refiero por supuesto a los libros. :-)

Saludos.

Editorial Buxi dijo...

En el MUNAL (frente a Minería) se presenta una colección maravillosa de las portadas realizadas por el "chango" Cabral en Revista de Revistas.

Marco Fabrizio dijo...

Editorial Buxi.

Muchas gracias por el dato, ya sabemos como ocupar algunas horas del próximo fin de semana.

Saludos.

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